Sacristía

El espacio entre el muro norte del presbiterio y la sacristía se conserva de la iglesia gótica original del siglo XIV. El pasillo adyacente a la sacristía es el lugar de encuentro de los frailes antes de ir al coro conventual. Solía ser un sitio muy importante durante las celebraciones oficiales de la iglesia. Una parte de los muros y los techos con bóveda gótica provienen, según los historiadores, del año 1499, y suponen la primera reconstrucción tras las guerras husitas. Las paredes están cubiertas de frescos. En el muro sur hay escenas de la crucifixión que se conocen hoy como Arma Christi. Según los últimos estudios, un Cristo del Dolor rodeado de ángeles y santos cubría el espacio principal de esta pared. En la otra parte de la pared hay otra escena de crucifixión, esta vez reperesentando a la Virgen de los Dolores y al apóstol Juan, que hoy ya casi no se puede ver. En la parte inferior del cuadro hay una persona de rodillas, que probablemente representa a la donante. Desgraciadamente, durante la reconstrucción de los siglos XVII y XVIII, el fresco fue muy dañado.

En la parte occidental del pasillo, detrás de la reja renacentista, está colocado el sepulcro de Jacobo Curcio del año 1595. Los muros están adornados con frescos que representan a los cuatro evangelistas y ángeles con el velo de Santa Verónica, el techo con ornamentos florales renacentistas. La estatua de madera de la Madona que se alza junto a la pared fue tallada probablemente en algún momento a finales del siglo XV. Desde este pasillo se entra a la sacristía por la puerta original.

El espacio está abovedado mediante un arco de nervadura que se apoya en una columna en el centro de la estancia. Alrededor de las paredes hay armarios de roble del barroco temprano, datados de 1622. En el muro occidental se encuentra una pintura de la Crucifixión con la figura arrodillada del oferente y Santa Catalina del año 1608. Originalmente formaba parte del cenotafio del embajador español en la corte de Rodolfo II Guillén de San Clemente. Este catalán había luchado en famosa batalla de Lepanto en 1571 y sirvió al rey de España, sucesivamente, en Flandes, Almania y Praga, donde murió. En un principio fue enterrado junto a la puerta de la iglesia de Santo Tomás, en una tumba preparada para los miembros de la comunidad española de Praga, pero después fue exhumado y trasladado a un monasterio dominicano en Barcelona. En la parte inferior del cuadro podemos leer:

D.O.M. (Al señor óptimo y mayor)

Don Guillelmus de S. Clemente, caballero de la Orden de Santiago, embajador de su católica majestad Felipe III ante el emperador Rodolfo II hizo colocar aquí este monumento en el año del Señor de 1608.

Junto a la Crucifixión está colgado un Ecce homo pintado por autor desconocido en el siglo XVII. En las volutas encima de los armarios hay varios cuadros. El primero en la pared sur es un cuadro de la Madona, el segundo por la derecha desde la puerta es un retrato de San Nicolás de Tolentino. En la parte oriental hay dos retratos ovales de Jaroslav Bořita de Martinice, virrey del emperador, conocido por su defenestración el 23 de mayo de 1618, que condujo indirectamente a la Guerra de los Treinta Años. El segundo retrato representa a su mujer, Elena Bárbara de Martinice, que aportó dinero para la reconstrucción de altar mayor. En la parte septentrional, continuamos – de izquierda a derecha – con los retratos de Santa Clara de Montefalco, Beato Federico de Ratisbona, San Agustín, Santo Tomás de Villanueva y Santa Mónica. Sobre los armarios del muro occidental hay una Purificación de Carlos Škréta de 1645, una copia de la pintura Encuentro de San Agustín en la orilla del mar de Rubens y, sobre la puerta de la sacristía, un retrato de la Familia Kolowrat, datado del siglo XVIII, pero carente de mayor valor artístico.

Lo más interesante son los frescos. En 1968 se comprobó que el muro sur de la sacristía muestra a Pedro Jelito, obispo de Litomyšl en los años 1368 – 1371 y gran benefactor de la iglesia, arrodillado en compañía del superior del convento. La figura principal, que hoy ya casi no se distingue, es Santa Catalina de Alejandría, patrona de los estudios y santa favorita del emperador Carlos IV, durante cuyo gobierno se realizó este fresco. En la pared septrentional de la sacristía se encuentra un bello retrato de la patrona de Silesia, Santa Eduvigis, bajo un baldaquín y sosteniendo una estatuilla de la Virgen María con el Niño en una mano y en la otra un fragmento de un rosario. ¿Por qué se encuentra aquí esta santa silesiana? El 27 de mayo 1353, el emperador Carlos IV se casó en segundas nupcias con la princesa Ana Svídnická, en cuya tierra el recuerdo de esta santa era muy fuerte. De hecho, la nueva emperatriz era pariente de Santa Eduvigis. Premysl Otakar II, antepasado del emperador, estuvo presente en la canonización de Eduvigis, y fue en peregrinación para visitar su sepulcro en Třebnice en el año 1267. La unión entre la familia real y Santa Eduvigis es evidente. El obispo Juan de Středa, gran benefactor de los agustinos como el mencionado obispo de Litomyšl Pedro Jelito, trajo desde Silesia el culto a esta santa.