Naves central y laterales de la iglesia

La segunda mitad del siglo XVI estuvo marcada por grandes cambios religiosos. El largo e interrumpido encuentro del Concilio de Trento (1545–1563) dio una nueva dirección a los esfuerzos de la Iglesia Católica, que comienza a desplegar esfuerzos para recuperar posiciones perdidas en la vida espiritual europea. Aparecieron nuevas órdenes – por ejemplo, los jesuitas – y comienza a formarse también en este país un bando de defensores de la religión católica. En Italia aparece un nuevo estilo artístico, el barroco, que, con sus medios expresivos específicos, expresa el cambio de actitud ante la vida y ante el mundo, cobrando importancia la faceta de los sentidos y sentimientos. El arte barroco, al igual que su antecesor el gótico, llamó a esta actitud catequismo artístico de los sentidos. Para una mejor comprensión se puede decir que el arte gótico elevaba a los creyentes hacia el Cielo, mientras que el barroco traía el Cielo a los creyentes. A comienzos del siglo XVII, el templo agustiniano de Malá Strana se convirtió en un oasis de la antigua fe para la corte imperial, para embajadores católicos, comerciantes italianos, sodados irlandeses y para todos los católicos convencidos en medio de la mayoría utraquista y protestante de Praga. Al entrar en el templo nos veremos rodeados por su atmósfera católica de humilde elevación, que refleja de forma inasible la sublimidad de Dios. De esta forma, el esfuerzo barroco por expresar artísticamente la nueva visión espiritual se lleva a cabo notoriamente en la ornamentación del interior de la iglesia.

Uno de los objetos que impresiona de esta manera es el púlpito situado en la parte anterior de la nave, a la izquierda del presbiterio. Fue proyectado y realizado por el escultor Felipe Quittainer y el carpintero Cristóbal Kovář, ya mencionado en relación al altar mayor. Esta obra maestra se concluyó en el año 1739. El baldaquín está decorado con figuras de los cuatro Padres de la Iglesia y sus símbolos. Ambrosio de Milán sostiene los signos de la dignidad episcopal y está acompañado por abejas que simbolizan su elocuencia «dulce como la miel». Gregorio Magno está representado con la cruz pontifical y la paloma, que está posada en su cabeza durante la elección papal. Jerónimo, monje asceta, sostiene una calavera, símbolo de la vanidad fugaz y de la presunción. El último padre representado es Agustín de Hipona, que ofrece el corazón en llamas. Esta composición inspiró la creación de los rellenos, que muestran la palabra de Dios y la imagen del «Buen Pastor», muy apreciada en el catolicismo barroco. El confesionario de la nave lateral junto al muro septentrional está datado de principios del siglo XVII, y lo adorna un retrato oval de San Pedro, patrono de los penitentes.

Si retrocedemos desde el púlpito por la parte izquierda de la nave, lo primero que vemos junto al pilar lateral es el altar del Nacimiento del Señor, de 1731. Este lo ocupan los Sabios de Oriente, conocidos como los Reyes Magos, que se atribuyen a Ignacio Miller. El rey moro es tan parecido a la figura del conjunto de San Francisco Javier en el Puente de Carlos, que algunos hitoriadores buscan el origen de la estatua en el taller de Fernando Brokoff. La pintura principal de la Madona con niño es obra de Antonio Stevens de Steinfels, de aproximadante el año 1655, y debajo hay un cuadro de San Antonio de Padua que fue pintado por un autor desconocido en algún momento del siglo XVIII.

En el muro de la nave lateral se encuentra situado un altar de la Sagrada Familia, del año 1725. El cuadro principal de la Sagrada Familia con Santa Ana y San Joaquín es un trabajo anónimo del segundo cuarto del siglo XVIII. A los lados están las estatuas de San Agustín y San Adalberto, atribuidas a Andrés Felipe Quittainer. Las realizó según un diseño de Juan Jorge Heintsch como modelos para las estatuas de plata que hasta el año 1729 estuvieron en el altar mayor. San Agustín sostiene el corazón en llamas como símbolo del amor de Cristo, San Adalberto sostenía en principio un remo, instrumento con que lo torturaron los prusianos en el año 997.

El altar junto al otro pilar está consagrado a Santa Ana. Como madre de la Bendita Virgen María y abuela de Jesús, Santa Ana disfruta de la reverencia de los cristianos ya desde principios del siglo XIV. Es patrona de las madres, abuelas, mujeres sin hijos y mineros. En la Baja Edad Media, Marín Lutero, hijo de minero, difundió ampliamente su veneración en Centroeuropa, buscando su ayuda en la revuelta decisiva del año 1526. Llevaron el nombre de esta santa, entre otras, la princesa Ana, hija de Venceslao II, fundador del convento de Santo Tomás; la emperatriz Ana, segunda esposa del emperador Carlos IV; la hija de ambos, del mismo nombre, y Ana de Jagellon, esposa del emperador Fernando I. La pintura del altar, Santa Ana con la Sagrada Familia y San Juan Bautista es obra de Antonio Stevens de alrededor del año 1650. Las estatuas representan a las santas (de derecha a izquierda) Rosalía de Palermo, Clara de Montefalco, Brígida de Suecia y Verónica de Binasco.

En el ara hay un ataúd de cristal con un relicario de San Bonifacio. El martirologio romano (listado de mártires) registra diez santos de nombre Bonifacio. Los más conocidos son dos: Bonifacio de Tarso murió muy joven al huir del emperador Diocleciano. El segundo es el obispo benedictino Bonifacio de Fulda, apóstol alemán, torturado hasta la muerte el 5 de junio de 754. Por desgracia, no se puede decidir convincentemente a cual de ellos está consagrado el relicario. En el cristal sobre el altar podemos ver esta inscripción: Beate Boniface, Martyr, subscribe votisque tibi servi fundunt. Traducido: Bendito Bonifacio, mártir, escucha las oraciones de tus siervos, a ti consagrados.

El siguiente altar, otra vez junto a la pared de la nave lateral pertenece a San Juan Nepomuceno y proviene con toda probabilidad del taller de Juan Umuth (año 1731). Seguramente se encargó con motivo del veltorio durante la canonización de Juan Nepomuceno el 19 de marzo de 1729. El dramático motivo descubre el «alzamiento de la cruz» en la palma del mártir y su actitud devota. Como vicario y secretario personal del arzobispo Juan de Jenštejn, Juan Nepomuceno se vio envuelto en un conflicto con el rey Venceslao IV. Algunos escritores posteriores afirman que Juan Nepomuceno fue invitado – en vano – a traicionar el secreto de confesión. Esto se refleja en el cuadro por medio de un ángel que se lleva un dedo a los labios. Una vez había despertado el desagrado del rey, el castigo de Juan era solo una cuestión de tiempo. Después de su detención en 1392, fue cruelmente torturado, murió a consecuencia de ello, y su cuerpo fe arrojado desde el Puente de Carlos al Moldava. Las cinco estrellas sobre su cabeza representan su aparición maravillosa. Este cuadro intenta con éxito captar todos los aspectos de su muerte. Otros trabajos de Andrés Quittainer en este altar son las estatuas de San Vito con gallo, como símbolo de vigilancia en la fe y San Wenceslao sosteniendo el estandarte con el águila de los premislidas. El cuadro de la predela presenta a la Virgen del Socorro y recuerda la larga historia de devoción mariana del convento de Santo Tomás. Durante la reconstrucción del templo tras las guerras husitas aparece un cuadro de la Virgen del Amparo, pintado en estilo gótico tardío en Klášterec nad Ohří. Esta ciudad de la región de Chomutov (en la diócesis de Litoměřice) se convirtió pronto en centro de peregrinos con infecciones oculares. Pronto se difundieron los milagros por los alrededores, y la iglesia local fue repetidamente ampliada en los años 1670 – 1760 para dar cabida a la afluencia de peregrinos. Durante muchos años se conoció esta bella pintura en su nuevo santuario como la Madona de Santo Tomás.

Junto al tercer pilar – contado desde el presbiterio – hay un altar consagrado en el año 1725 a San Carlos Borromeo, quien, como arzobispo de Milán, hizo mucho para ayudar a sus allegados durante la segunda ola de peste que azotó su ciudad. Murió en el año 1584 y, tras su canonización en 1610, fue profundamente venerado en los siglos XVII y XVII como patrono contra las epidemias. Las figuras de cuatro estatuas femeninas se suelen atribuir a Juan Miguel Brüderle – de derecha a izquierda, Santa Bárbara y Santa Verónica con el tradicional velo con el rostro de Cristo impreso, María Magdalena y Santa Tecla. Al mismo tiempo fue pintado un cuadro de Santa Rita de Casia, auxiliadora invocada en casos imposibles, colocado delante del tabernáculo. Sobre el cuadro principal hay una pintura de San Miguel Arcángel, datada del siglo XVIII.

El último altar de la parte izquierda de la nave, en la pared septentrional a la izquierda de la entrada principal, está el altar de Todos los Santos, de los años 1725 – 1730. Encima de él pueden ver el símbolo de la Santísima Trinidad. El cuadro principal (de pintor desconocido) presenta a Todos los Santos, y sobre todo a San Venceslao y Santa Ludmila, adorados en Bohemia. El cuadro está rodeado por dos estatuas de tamaño real, atribuidos a Juan Jorge Bendl. Se trata de una estatua de San Roque con el perro que porta comida y una estatua de San Sebastián atravesado por las flechas. Ambos santos, como ya hemos mencionado anteriormente, lucharon contra el hambre y la peste. Bajo la pintura principal está colocado un armarito barroco de cristal que contiene una copia de la Piedad, probablemente del año 1740, pintada de nuevo por un artista desconocido. El original se encuentra hoy en la iglesia de San Venceslao en Bělá pod Bezdědem y es obra de Francisco Pacák. El armarito está rodeado por tres símbolos de los evangelistas: «la cabeza de San Mateo», «el buey de San Lucas» y el «águila de San Juan». El cuarto, el «león de San Marcos» fue robado.

Pasamos ahora a la parte derecha de la nave. A la derecha de la entrada principal, debajo del coro, está el altar de Santo Tomás de Villanueva, dominado por el retrato de este santo agustiniano dando limosna a los pobres. La pintura es una obra excepcional de Carlos Škréta, quien había decorado la iglesia con frescos. El altar, erigido en 1730, está ornamentado con sendas estatuas de San Norberto y Santo Tomás de Aquino. Ambas son obra de Francisco Ignacio Weiss. Ignacio Raab creó un retrato rococó menor de San Luis Gonzaga en algún momento antes de 1740.

En la columna de enfrente de este altar hay una copia de la famosa Virgen María de Santo Tomás con un mazico marco rococó. El original proviene del siglo XIV y fue comprado por el emperador Carlos IV en 1356 para los agustinos de Brno.

Junto a la columna siguiente está colocado el altar de Santa Apolonia (considerado erróneamente por algunos autores como de Santa Otilia), muy popular santa auxiliadora contra el dolor de dientes e infecciones de las encías. Este altar fue construido en el año 1725. Junto a las piernas de la santa hay unas tenazas que fueron su instrumento de tortura – se utilizaron para arrancarle todos los dientes. Cuatro estatuas (de derecha a izquierda) representan a Santiago, San Pedro, San Pablo y Santo Tomás, y son una vez más obra de Juan Miguel Brüderle. Encima del altar hay un retrato enmarcado de Francisco de Borja S. J., canonizado en 1671; sobre el ara hay un retrato de Santa Inés de Bohemia pintado en ocasión de su canonización en 1989. El cuadro de la Virgen del Socorro que originalmente ocupaba este lugar fue robado.

Si seguimos hacia el presbiterio, llegamos al altar de la Santa Cruz, el cual domina la escena de la Crucifixión, pieza maestra de Antonio Stevens de Steinfiels (†1672), que era el favorito de la escena artística del siglo XVII. Sobre el ara hay un ataúd de cristal que contiene los restos de San Justo y la inscripción:

Sancte Juste Martyr, exaudi Vota Precesque nostras = 1734 San Justo, mártir, escucha nuestras súplicas y plegarias = 1734

Cuatro estatuas de santas (de derecha a izquierda) representan a Úrsula de Inglaterra, Dympna de Irlanda, Casilda de Toledo y Catalina de Alejandría. Probablemente son obra de Juan Šlanzovský y provienen de alrededor del año 1730.

Junto al último pilar antes de la entrada al presbiterio está el altar consagrado a San Nicolás de Tolentino. El retrato de este santo es obra de Antonio Stevens de Steinfels. Sobre el altar hay un cuadro sin marco de un sacerdote, probablemente San Francisco Javier. Las cuatro estatuas (de derecha a izquierda) son provisionalmente identificadas como figuras de Santa Isabel de Hungría, Juan de Sahagún, Segismundo y Mónica. Bajo el cuadro principal hay una pequeña pintura de la Virgen María del Buen Consejo en estilo rococó, acompañada orginalmente por dos ángeles, de los cuales uno fue robado en el año 1968. La religiosidad agustiniana está de hecho muy unida con este cuadro de la Santa Madre de Dios, y por lo general se remonta hasta Skutari, en Albania, de donde fue llevado (según la leyenda) a Genazzano, en Italia, en 1467. Devoción a la Virgen María: este lema entrelaza la ancestral tradición de la orden agustiniana. Desde mediados del siglo XII hasta el XV, María, madre de Jesús, es celebrada entre los agustinos bajo el nombre de Nuestra Señora de la Misericordia, sobre todo en Portugal, Inglaterra y Francia. La segunda fase de la devoción mariana comenzó a finales del siglo XVI (1580), cuando el papa Gregorio XII se inscribió en la «Archiconfraternidad de Nuestra Señora de la Consolación» en Bolonia. Una vez hubo terminado la Guerra de los Treinta Años, en 1648, y las rutas a Italia volvieron a ser relativamente seguras, los agustinos volvieron a traer su devoción a la Virgen del Buen Consejo. Como otras hermandades, esta tenía su propio cuadro venerado, de 1681. Según es fama, fue traído por ángeles desde Albania hasta las montañas de Genezzano, 16 kilómetros al sudoeste de Roma, para escapar de la profanación de los musulmanes, y apareció allí en la pared de una iglesia agustiniana en construcción. Más tarde, el papa Incocencio XI nombró el cuadro en 1682 como Virgen María del Buen Consejo. Otros papas, sobre todo aquellos que adoptaron el nombre de Pío, estuvieron muy favorablemente inclinados a esta santidad. Pío VI amplió la celebración de la Virgen del Buen Consejo a toda la Orden de San Agustín en el año 1779. Pío XII dedicó su pontificado en el año 1939 a la defensa de María, madre de Dios, y los tres últimos papas (Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo III) visitaron Genazzano.

Esta cofradía caracteriza la religiosidad agustiniana barroca, y fue pronto propagada por todas partes donde los sacerdotes rezaban y confesaban. Llegó a difundirse tanto que, hasta el año 1700, se podía decir que prácticamente todas las iglesias agustinianas tenían su altar de esta hermandad. En 1783 el emperador José II prohibió todas las agrupaciones de este tipo, con lo que el catolicismo barroco se convirtió en historia.

Santos como Alfonso de Ligorio (†1787), Luis Gonzaga (†1591) o Benedicto José Labre (†1783) fueron muy devotos de la Virgen María del Buen Consejo y admiraban su imagen. El cuadro más antiguo en la República Checa es el fresco pintado por Wenceslao Lorenzo Reiner en la iglesia agustiniana de Santa Catalina, en Praga. Esta hermandad fue de nuevo popularizada a finales del siglo XIX, principios del XX, por el fervoroso predicador agustiniano Bernardo Hejhal (†1927). En el año 1950, con el ascenso del régimen comunista, fueron prohibidas todas estas actividades.

En la nave lateral, junto al muro, hay un pequeño altar de la Bendita Virgen María o del Niño Jesús de Praga. En la imagen, la Virgen sujeta al niño y observa a un oferente, Compagnon de Corlis de Mantua. El letrero dice: «Gloria a Dios Todopoderoso y a la Virgen María. Ayuda a a todos los que buscaron refugio en ella. Patrocinado por Compagnon de Coris de Mantua. Este cuadro fue pintado en el año del Señor de 1619». La imagen barroca de Jesús como niño de pecho creada para este altar en 1760 estaba rodeada por dos ángeles en actitud de adoración, de los cuales uno fue robado en el año 1998.

Delante de la entrada a la capilla de Santa Dorotea podemos ver el hermoso altar de mármol de Nuestra Señora de la Consolación, fabricado por el maestro arquitecto Kiliano Ignacio Dientzenhofer en el año 1744. El escultor José Lauerman fabricó una obra muy parecida para la canonjía premostense de Doksany. Sobre el tabernáculo está el cuadro principal, la Virgen María dándole el santo cinturón a Santa Mónica. El autor es Ignacio Raab. Este cuadro mariano era una expresión característica de la devoción por la Virgen María en muchas iglesias agustinianas, sobre todo después de que el Papa donara la cinta sagrada a la «Archiconfraternidad de la Santa Correa» en el año 1580. El altar es notable por el uso del mármol y la plata, con la que está recubierto también el tabernáculo que fabricó Jacobo Ebner en el año 1768. Sobre el tabernáculo hay situado un Ecce homo (He aquí el hombre), pintado por Antonio Stevensen de Steinsfeld cerca del año 1670. Dos ángeles adorando enmarcan el cuadro y señalan la fuerza redentora de la muerte de Jesucristo.