Guerras husitas, renovación y reformas en los siglos XVI y XVII

Con la primera defenestración de Praga, el 30 de julio de 1419, comienza el período de las guerras husitas. El monasterio de Santo Tomás se encontraba en una zona excesivamente expuesta de Malá Strana y pronto se convirtió en objetivo de los ataques. Según las crónicas del convento, los frailes fueron expulsados ya en abril de 1420. En mayo de ese mismo año el convento fue incendiado y en junio la iglesia reducida a cenizas. El pueblo confiscó y vendió las propiedadades del convento. La destrucción debió de realizarse a conciencia, como documentan fuentes del siglo XVI. En el llamado «Grabado de Praga de Vratislav» del año 1562 (aunque sin duda refleja un estado más antiguo), apenas queda de la iglesia el presbiterio cerrado en la parte occidental por una pared provisional con vestíbulo, mientras que en el lado sur del presbiterio se alza la capilla de Santa Dorotea. En la zona de la nave principal está documentado un cementerio. También durante el siglo XVI llegaron las catástrofes: en 1503 la iglesia volvió a arder, en 1509 se desplomó el coro bajo el peso de los fieles y, en 1541, durante el gran incendio del Castillo y de Malá Strana, fue afectado también el complejo de Santo Tomás.

Solo a mediados del siglo XV se reanudó poco a poco la vida conventual. Parece ser que los religiosos habían vuelto en secreto ya en 1437, es decir, tras la definitiva ascensión de Sigmundo de Luxemburgo al trono checo. El convento, por supuesto, era absolutamente inhabitable, por lo que los frailes vivían en las casas de alrededor. El primer prior, Agustín de Domažlice, no aparece mencionado hasta 1497, el siguiente – Martín de Ostrova (Martinus de Insula – convento de Santa Benigna) – está documentado en las primeras décadas del siglo XVI. Según la tradición, el monasterio tenía en aquella época pocos predicadores, por eso recibió en 1524 a Wenceslao Hájek de Libočany para los sermones checos. Hájek es una de las figuras más conocidas (aunque en cierto modo controvertida) del Renacimiento checo. Entre 1524 y 1539 (con pausas, claro está) debíió haber actuado como predicador en Santo Tomás, sin embargo, aparece al mismo tiempo como párroco en Rožmitál y, en los años 1527-33, como deán en Karlštejn, de donde es finalmente destituido. Volvió a Santo Tomás al final de su vida: en el año 1539 se compró una casa en los terrenos del monasterio. Se le conoce sobre todo como autor de la obra histórica más famosa del siglo XVI, la Crónica checa. Presenta en ella una imagen de la Historia checa desde sus legendarios comienzos, que Hájek rellenó con gran cantidad de invenciones. Sin embargo, por su fácil lectura y tono patriota, la Crónica se convirtió en uno de los libros checos más leídos hasta comienzos del siglo XIX, y ha influido con sus relatos en gran número de artistas checos.

Las tareas de reconstrucción comenzaron al parecer ya en el siglo XV, y fueron posibles ante todo gracias a las donaciones de los fieles: burgueses, nobles y miembros de la dinastía soberana. En 1499 se consagró la restaurada antigua capilla de San Felipe y Santiago y sala capitular, desde este momento dedicada a Santa Bárbara. El rey Ladislao de Jagellon renovó en 1510 la jurisidicción del convento sobre sus terrenos en Malá Strana. En el privilegio se decía: «...cualesquiera casas sitas en los susodichos lugares y tierras de ese convento, queda dispuesto y quedará para el futuro, que en ellas puedan habitar menestrales de cualquier oficio y que a ningún otro no queden sujetos de pago o de derecho más que al prior de la comunidad del convento». En el año 1560 había allí 16 casas, y en 1615 había ya 26. Otro benefactor fue el rey Fernando I: en 1531 confirmó los privilegios del convento y donó materiales para el abovedado del presbiterio, duramente dañado en los incendios anteriores. El emperador Maximiliano II unió en 1565 la administración del convento de Santa Catalina de la Ciudad Nueva – donde originalmente se encontraba la rama femenina de la orden – con la administración del convento de Santo Tomás. Este mismo soberano confirmó en 1568 al prior Martin Svitavský de Bochov en su función de prior también en Santa Catalina.

Los arreglos y remodelaciones continuaron desde el año 1551 con espíritu renacentista. Se renovó el espacio de tres naves, donde se conservó la disposicón gótica, si bien tanto los arcos de las naves laterales como la parte superior de la nave central mantienen hasta hoy sus rasgos renacentistas. También el emperador Rodolfo II mostró su favor. En 1584 encargó al constructor de la Corte, Ulrich Aostalli, que determinara el estado general de la iglesia. Se encontró que estaba en muy mal estado, a pesar de lo cual los trabajos continuaron: se abovedaron las tres naves, sobre las laterales aparecieron galerías, las ventanas del coro fueron cegadas y completadas con una tracería ciega que hoy está parcialmente conservada en el desván de la iglesia. A continuación se edificó una tracería en el ventanal del pasillo entre el presbiterio y la sacristía, que antes se creía erróneamente gótica. La iglesia fue consagrada en el año 1593 por el nuncio Gracián de Cremona. El constructor fue, probablemente, Bernardo di Alberto, y debió de continuar con el trabajo Juan Domingo de Barifis, documentado en el año 1611. Según la inscripción en el portal del claustro, en 1596 se concluyó el arreglo de la capilla de Santa Bárbara.

En el año 1603, Rodolfo II donó otras 100 monedas de oro para la construcción de la biblioteca, situada en el ala septentrional del claustro. Su construcción por tanto también seguía en marcha, y en 1610 se estaba reparando la torre de la iglesia. Son muestras de esta etapa de construcción: los portales renacentistas de la iglesia en las actuales calles Josefská y Letenská, obra del picapedrero Giovanni Battista Bussi de Campione de los años 1615 y 1617; los portales de la capilla de Santa Bárbara, del mismo autor, y el portal de entrada a la biblioteca en el primer piso del ala septentrional con el letrero: «Codices certa hora singulis diebus pentatur: extra horam qui petierit, non accipiatur. S.Aug: in Reg: Anno MDCIII». Posiblemente se trata del anuncio de horas de préstamo de más antigüedad conservado en Bohemia.

De la época rudolfina se han conservado varias obras de artes plásticas. El famoso pintor Bartolomé Spranger es autor del cuadro de San Sebastián en el altar del presbiterio, José Heintz pintó el cuadro de la Sagrada familia en la capilla de Santa Bárbara; la pintura votiva con el Crucificado de la nave lateral derecha fue dedicada por el embajador español Guillérmo de San Clemente en 1608.

En esta época surgieron también hermandades religiosas. Ya en 1580 apareció la «Cofradía del Corpus Christi» (Confraternitas Sacrantissimi Corporis Christi), aprobada en 1588 por el papa Sixto V. Fueron miembros personalidades destacadas como los soberanos Rodolfo II o Fernando III. Los militantes de la hermandad tenían, entre otras, la obligación «así llueva o caiga la noche» de socorrer con los sacramentos a los enfermos y moribundos. En el año 1625, el arzobispo de Praga, el conde Ernesto Harrach fundó una hermandad para honrar a San Sebastián (Confraternitas sancti Sebastiani) entre cuyos miembros encontramos una vez más a Fernando III, al emperador Leopoldo I o, más tarde, a Carlos VI.

Los acontecimientos del comienzo de la Guerra de los Treinta Años – con el alzamiento de los estamentos checos – afectaron la vida del monasterio. En diciembre de 1618, los directores – gobierno provisional de los estamentos rebeldes – solicitan del provincial Juan Svitavský de Bochov un préstamo para pagar la soldada; de no ser así, amenazan con que los descontentos soldados se lanzarán sobre las propiedades del convento. Parece ser que habían comprobado que el monasterio tenía «unas rentas decentes, así como provisiones y almacenes, y no albergaba en el convento a muchos hermanos»; y que, de estas rentas, el monasterio, anualmente, «deja aparte una suma no muy pequeña», así que «habéis de tener una suma no muy pequeña de dinero efectivo e invertido». Según una nota en el reverso de la carta, el prior prometió 2000 monedas de oro, a pesar de lo cual las exigencias de los directores no terminaron. El 31 de mayo de 1619 ya querían ver el registro de los lugares del convento y el listado de las rentas, para al final acabar confiscando de todas formas las propiedades. De cualquier manera, la catástrofe de 1420 no se repitió y, ya el 23 de noviembre de 1620, el virrey Carlos de Lichtenstein, en representación del victorioso Fernando II, decidió que se devolvieran los bienes incautados al convento. Y sin más tardanza, el año siguiente, el propio monarca confirmaba los privilegios del convento y encargaba a Lichtenstein que pagara al prior de Santo Tomás 1500 sesentenas sajonas para la educación y mantenimiento de los jóvenes sacerdotes.

En 1621 la congregación recibió a su nuevo vecino, el entonces todopoderoso Alberto de Valdštejn, que comenzó a edificar su palacio. Expropió casas y terrenos, y también compró al convento el llamado «Jardín de los bolsos» y cinco casas situadas dentro de los terrenos del convento. En 1623 se realizó otra compra: Valdštejn obtenía otras dos casas y prometía pagar 7000 sesentenas antes de 1629 y donar 3000 monedas de oro para la decoración del altar mayor. Pero no pagó, y tras su asesinato en 1634 el convento tuvo que reclamar la deuda con grandes dificultades ante el mismísimo emperador Fernando IV. Este encargó que se pagara la deuda a cuenta del Consejo de Bohemia, a pesar de lo cual el pago se retrasó hasta el año 1652.

Sin embargo, el convento no escapó a los daños de la Guerra de los Treinta Años. Tras la ocupación de Malá Strana por parte de los suecos, en 1648, aparte de las pérdidas económicas, sufrió una gran pérdida espiritual: el general sueco Koenigsmark se llevó a Estocolmo la casi totalidad de los manuscritos y muchos libros impresos de la biblioteca conventual. No hubo forma de compensar después las pérdidas.

Por el contrario, en 1637, el convento consiguió una rareza. El provincial Juan Crystellius de Bochov encargó al famoso pintor Pedro Pablo Rubens una pintura para el altar mayor, la Pasión de Santo Tomás, y un cuadro menor de San Agustín, cuyos originales se encuentran en la Galería Nacional. El coste ascendió a 945 monedas de oro. Durante la guerra se continuó con la decoración del interior. En 1637 se construyó el órgano, en 1639 se consagró el altar mayor, al que siguieron los altares de Santa Ana (1643), San Nicolás de Tolentino, la Santísima Trinidad, la Ascensión de la Virgen, los Reyes Magos, la Virgen de los Dolores y Santa Mónica, la Santa Cruz (1656), Santo Tomás de Villanueva (1670) y San Sebastián (1671), San Justo, la Virgen del Consuelo, Todos los Santos (1683).

En 1656 se llevó a cabo la reconstrucción de la cervecería, en los años 1665 – 66 estuvo trabajando para la congregación el arquitecto Juan Decapauli. En 1683 se construyó la galería sobre el ámbito colindante a la iglesia, entre finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo XVII se construyó un piso sobre las alas meridional y occidental del claustro. Ya a principios del siglo XVII se había añadido un piso a las partes septentrional y oriental, como recuerdan sus ventanas agrupadas. A pesar de todo, la crónica conventual caracteriza el estado de la iglesia a finales del siglo XVII como insatisfactorio, con un interior oscuro (fenestris obscuris). Ya en 1691 estaba el capítulo considerando nuevas reformas, pero faltaba dinero. Y, sin embargo, el devenir de los acontecimientos acabó por exigir amplias reformas, que culminaron con la remodelación de Dientzenhofer.